EL VUELO SAGRADO
Un día, mientras caminaba, un curiquingue —ave sagrada de color pardo con manchas amarillas— comenzó a seguirla, volando en círculos suaves sobre ella. No era un ave común; sus ojos reflejaban una sabiduría antigua. El ave se enamoró de la muchacha y comenzó a cortejarla con sus cantos y sus movimientos elegantes, bajando del volcán cada vez que ella salía.
Durante meses, el curiquingue acompañó a la joven, convencido de que su amor trascendería las especies. La muchacha, atraída por la nobleza del ave, finalmente aceptó su amor.
